Invierno que me llenas
de barro y de temor.
Invierno que me dejas
sin abrigo y sin calor.

Silencio congelado,
letargo al corazón,
el frío entra en la cabeza,
el alma, en la prisión.

Y vienes cuando no eres bienvenido
para darme un escarmiento inmerecido.

Un puñetazo de hielo,
un beso lleno de escarcha,
un rayo de luna llena,
copos de nieve en la espalda.

Me espera la tormenta,
me lleva el vendaval,
tras los cristales empañados
hay un mundo irreal.

De lobos y de cuervos,
de oscuro resplandor,
de noches que no acaban nunca,
de días sin ver el sol.