Cerraduras que no tienen puerta,
llaves que pruebas pero no entran,
candados cerrados que nunca más volverán a cerrar.

Bombas que no han explotado,
mi mano, mi brazo y mi pie escayolados,
pañuelos que el viento, el calor y el silencio intentaron secar.

Un cuchillo de pescado,
un par de caramelos chupados,
un bigote postizo de segunda mano.

Cuerdas viejas de un piano,
una chincheta en el zapato,
un murciélago que flota en un bote de aguarrás.

Tengo dos maletas llenas de cosas que no valen nada,
dos maletas que voy arrastrando y no puedo soltarlas.

Un adorno navideño,
tres medallas y un trofeo,
mi canica campeona, la postal de Barcelona.

Un sombrero tirolés,
un rey sin tablero de ajedrez,
unas gafas de buzo, una lata de sopa, una flor de papel.

Tengo dos maletas llenas de cosas que no valen nada,
dos maletas que voy arrastrando y no puedo soltarlas.

Rayos, truenos y centellas,
piedra, papel o tijera,
cuarzo, mica y feldespato,
todo cabe en mis maletas.